
Sabemos que el yoga para niños es una actividad que estimula y beneficia el desarrollo de cuerpo,mente y espiritu por lo que resulta muy beneficioso, además de divertido, como ejercicio para los más pequeños. Una disciplina milenaria que ayuda, a grandes y a pequeños, a encontrar el equilibrio y canalizar la energía.
Pero, ¿cuál es el mejor modo de que los niños practiquen yoga?
Pero, ¿cuál es el mejor modo de que los niños practiquen yoga?
Realizar las posturas de modo adecuado y sin forzar su organismo.
La motivación es un factor muy importante, no olvidemos que se trata de un juego y no de una obligación, por lo que si reunimos a varios amiguitos para la práctica del yoga se lo pasarán en grande. Pero también la compañía de papis, mamis o hermanitos es ideal.
El vestuario debe ser cómodo, los pequeños llevarán ropas holgadas, ligeras, confortables (camiseta y pantalón), y de este modo será posible que realicen los movimientos y posturas con comodidad. En los pies, medias de algodón o descalzos si la temperatura lo permite.
El contexto debe ser de un ambiente limpio, tranquilo, ventilado y silencioso, de iluminación suave. Se pueden usar colchonetas o mantas para que no haya contacto directo con el suelo y resultar así una experiencia más cómoda y cálida, aparte de evitar resbalones indeseados. Se puede ambientar la clase con música lenta y suave que favorezca la relajación.
El yoga puede ser practicado a cualquier hora del día, pero el mejor horario para su práctica es por la mañana, para empezar bien el día, o a media tarde, incluso antes de dormir, para relajarse y descargar tensiones.
Más que el momento en que se lleven a cabo los ejercicios de yoga, lo que deberemos tener más en cuenta es que no sea tras haber ingerido alimentos, al menos dos horas después, una vez se haya hecho la digestión.
El secreto de un buen yoga está en la respiración. El niño aprende a respirar de modo correcto y profundo, inhalando y exhalando por la nariz y no por la boca. Se les puede enseñar a respirar “con la barriga”, es decir, utilizando el diafragma para llenar los pulmones. Antes de empezar con las posturas, es mejor aprender a controlar la respiración.
Las posiciones hay que ir practicándolas gradualmente. Es posible que los pequeños comiencen la práctica del yoga demasiado rígidos, pero eso irá mejorando con la práctica. Tanto las posturas como los movimientos deben ser variados para no caer en la monotonía, y no demasiado complicados para que los puedan realizar sin esfuerzos. Recordemos que se trata de un juego en el que todos debemos disfrutar.
Una manera de que lo disfruten más es, una vez ya han aprendido el mecanismo y se desenvuelven con facilidad realizando posturas, que ellos mismos inventen sus propias posiciones, poniéndoles el nombre que deseen. Así de paso dan rienda suelta a su imaginación.
Como juego que es el yoga para ellos, si se practica en grupo hay que evitar las comparaciones (agilidad, flexibilidad, corrección de movimientos…) entre los pequeños y hacerles ver que forman un equipo donde todos ganan.
La motivación es un factor muy importante, no olvidemos que se trata de un juego y no de una obligación, por lo que si reunimos a varios amiguitos para la práctica del yoga se lo pasarán en grande. Pero también la compañía de papis, mamis o hermanitos es ideal.
El vestuario debe ser cómodo, los pequeños llevarán ropas holgadas, ligeras, confortables (camiseta y pantalón), y de este modo será posible que realicen los movimientos y posturas con comodidad. En los pies, medias de algodón o descalzos si la temperatura lo permite.
El contexto debe ser de un ambiente limpio, tranquilo, ventilado y silencioso, de iluminación suave. Se pueden usar colchonetas o mantas para que no haya contacto directo con el suelo y resultar así una experiencia más cómoda y cálida, aparte de evitar resbalones indeseados. Se puede ambientar la clase con música lenta y suave que favorezca la relajación.
El yoga puede ser practicado a cualquier hora del día, pero el mejor horario para su práctica es por la mañana, para empezar bien el día, o a media tarde, incluso antes de dormir, para relajarse y descargar tensiones.
Más que el momento en que se lleven a cabo los ejercicios de yoga, lo que deberemos tener más en cuenta es que no sea tras haber ingerido alimentos, al menos dos horas después, una vez se haya hecho la digestión.
El secreto de un buen yoga está en la respiración. El niño aprende a respirar de modo correcto y profundo, inhalando y exhalando por la nariz y no por la boca. Se les puede enseñar a respirar “con la barriga”, es decir, utilizando el diafragma para llenar los pulmones. Antes de empezar con las posturas, es mejor aprender a controlar la respiración.
Las posiciones hay que ir practicándolas gradualmente. Es posible que los pequeños comiencen la práctica del yoga demasiado rígidos, pero eso irá mejorando con la práctica. Tanto las posturas como los movimientos deben ser variados para no caer en la monotonía, y no demasiado complicados para que los puedan realizar sin esfuerzos. Recordemos que se trata de un juego en el que todos debemos disfrutar.
Una manera de que lo disfruten más es, una vez ya han aprendido el mecanismo y se desenvuelven con facilidad realizando posturas, que ellos mismos inventen sus propias posiciones, poniéndoles el nombre que deseen. Así de paso dan rienda suelta a su imaginación.
Como juego que es el yoga para ellos, si se practica en grupo hay que evitar las comparaciones (agilidad, flexibilidad, corrección de movimientos…) entre los pequeños y hacerles ver que forman un equipo donde todos ganan.
Logrando con tecnicas de yoga que el niño encuentre el equilibrio, lograremos un adulto EQUILIBRADO.